Hace unos días estos coches antiguos llegaron a Ferrara para una exposición que recorría todas sus calles impregnándolas de pasado.
Lo que no sospechaban es que también ellos serían a la vez exposición y expositor de la ciudad. Enmarcando el Palazzo Bentivoglio, reflejando una porción circular de un coqueto san Giorgio, distorsionando el campanile y la fachada del Duomo, al que le tengo ya tanto cariño.




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